En algunas de las calles más transitadas de Sevilla, estos días de luces, compras y un continuo ir y venir de gente, al llegar a una de las esquinas, muchos miran al suelo y se paran. Allí, está Lídjia. Sus manos, manchadas de tiza y carboncillo, son las únicas herramientas con las que crea sobre la acera dibujos asombrosos.
Son composiciones en las que emplea entre 5 y 6 horas. Su arte lo regala en plena calle, porque dice que le gustan los espacios abiertos y el contacto con la gente. Por eso, es aquí donde se siente cómoda y donde prefiere dar forma a sus obras efimeras, que apenas duran un dia sobre el suelo. Desde su móvil observa la foto original para reproducir, con precision, cada detalle. Pinta incansablemente en busca de una perfeccion breve y pasajera. Al día siguientre ya no quedará nada.