El surrealismo de los años 20 consideraba a la mujer un objeto artístico, como mucho, una musa. Por eso, en aquella época, estas artistas pasaron prácticamente despercibidas a los ojos de la crítica y el público. Sin embargo ellas fueron trasgresoras y polémicas y entendieron el surrealismo como una herramienta para reivindicar su libertad personal.
En sus obras podemos ver cómo exploraron el incosciente mediante sueños, trances inducidos, pensamientos y sentimientos. La historia las relegó, en su día, a un inmerecido segundo plano. Hoy en las salas del Museo Picasso de Málaga recuperan el protagonismo que siempre debieron tener. Y resurgen, plenamente libres, como creadoras de mundos únicos y originales... todos, con acento femenino.