Sesenta obras nos adentran en esta segunda etapa del Cubismo creado por Braque y Picasso en París. Y lo primero que sorprende es cómo el arte se abrió paso entre el sonido de las bombas. Juan Gris abandera a un puñado de artistas que entiende la pintura como un arte sintético, un puzzle de figuras geométricas planas donde conviven en perfecta armonía abstracción y figuración.
Como la de María Blanchard, la única mujer del grupo. Los críticos de la época le reprocharon su dureza pictórica y la sobriedad excesiva de unas obras que hoy muestran la plenitud de su intensidad. Poderosos trazos negros que enmarcan grises, marrones y ocres o hacen guiños a colores más atrevidos. Todos los cuadros guardan un cierto aire de familia aunque son originales y distintos. Porque no hay un único cubismo, sino tantos y tan diferentes como los artistas que lo interpretaron.