Aquí cada uno soporta el calor como puede. Al tapir malayo, por ejemplo, le gusta ducharse en la cascada...el binturong en cambio, prefiere echar una cabezadita a la sombra. Y mientras, en la cocina del Bioparc, el trabajo se multiplica estos días. Porque el menú diario, ahora también tiene postre. Suculentos y refrescantes helados que se adaptan diariamente a la dieta de cada animal.
Llamativas golosinas que además de aliviar el calor, sirven para mantener activos a los animales.
Una distracción que les permite olvidarse por un rato de las altas temperaturas de estos días y darse, como cualquiera de nosotros, un dulce y helado capricho.