La investigación determinó la existencia de hasta 2.200 recetas falsificadas. Las pastillas, Trankimazin y el Rivotril, se vendían a un euro la unidad, en el mercado negro.
Han sido detenidos 29 hombres y 10 mujeres. Su negocio comenzaba en los centros de salud. Sustraían las recetas y falsificaban la firma del médico de cabecera.
Después, retiraban los fármacos de las farmacias y los distribuían o vendían las recetas para que fueran retiradas posteriormente en farmacias de distintas provincias españolas, entre ellas Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas. Seos médicos habían denunciado la desaparición de talonarios de recetas.