Julio Miguel de la Cueva ha centrado su carrera pictórica en reflejar la luz y los colores de la dehesa extremeña. Por este motivo, la mayor parte de su producción artística ha querido ser un homenaje a la belleza de los paisajes del suroeste de España.
De la Cueva comenzó su afición por el dibujo de niño, reflejando la diversidad de formas de los campos de Barcarrota, al sur de Badajoz. Desde entonces, su fidelidad por los paisajes extremeños ha sido la pauta de su rumbo estilístico.