Hacía diez años que un rebaño trashumante no cruzaba el puente romano de Mérida, que está dentro de la cañada real de Santa María de Araya, que junto a la vía de la plata llega hasta Cáceres. En medio del jolgorio de los chiquillos y la sorpresa de los viandantes, pastores y perros lo han conducido hasta el acueducto de los milagros. Unos para pastar fresca hierba bajo los arcos romanos y otros para degustar unas sabrosas migas de pastor. La trashumancia forma parte del acerbo histórico, gastronómico y cultural de la península ibérica, que desafortunadamente se está perdiendo.