A las tres de la tarde saltaron todas las alarmas con la evacuación de La Restinga. Comenzaba entonces una erupción que se deconocía si llegaría a tocar tierra y que suponía todo un reto para Canarias. Los temblores no cesaban y poco a poco se fue haciendo visible. Se llevó por delante toda la vida marina. Pero también la actividad económica y turística de la isla.
Pasado lo peor se pensó que a todo aquello se le podía sacar provecho. Que la isla se podría convertir en un foco de interés científico y turístico. Pero no fue así. Eso es lo que piensan los herreños, que cinco años después creen que es una situación insuficientemente valorada. Pero a ellos, dicen, les queda el recuerdo y todo lo que aprendieron durante esos días de vulcanología.