Devolverles el esplendor original requerió incontables horas. Acumulaban hasta siete capas de pintura y retoques. "Hemos tenido que ir retirando todas estas capas a punta de bisturí. Algunas capas se iban con más facilidad y otras han sido muy trabajosas. Y a medida que íbamos retirando las capas veíamos manchas de cera, ensambles...", asegura Isabel Santos, especialista del taller de restauración del Cabildo de La Palma.
Injertaron con pasta de madera las partes más dañadas y al final un fino estucado devolvió las dos tallas de cedro a la idea original: que parecieran de alabastro. Por el cuerpo parecen dos figuras masculinas, jóvenes, pero la cara lleva el sello del gran escultor canario del siglo 19, Fernando Estébez y mantiene la ambigüedad sexual que siempre se atribuye a los ángeles.