RTVE noticias
Informe Chilcot

Blair y Aznar pactaron para mostrar a la opinión pública que intentaban "impedir la guerra" de Irak

RTVE.es
5 min.

En febrero de 2003, a pocos días de iniciarse la intervención militar contra Irak decidida por EE.UU. con el apoyo de Reino Unido y España, el presidente del gobierno español José María Aznar y el entonces primer ministro británico Tony Blair mantuvieron conversaciones con el fin de diseñar una puesta en escena frente a la opinión pública que suavizara el creciente clima de oposición a una posible guerra.

"Para amortiguar las dificultades creadas por 'la impresión de que EE.UU. estaba determinado a ir a la guerra pase lo que pase', el señor Blair y el señor Aznar acordaron la necesidad de establecer una estrategia de comunicación que mostrara que ellos 'estaban haciendo todo lo posible para impedir la guerra'".

Así figura literalmente en el informe Chilcot sobre las responsabilidades y protagonismo de Reino Unido en la guerra de Irak, presentado este miércoles.

El apoyo del gobierno español a la acción bélica se plasmó en la cumbre de las Azores, celebrada en marzo de 2003, que reunió a los mandatarios Durao Barroso, José María Aznar, George W. Bush y Tony Blair, y generó una ola de manifestaciones de repulsa en España.

El presidente de EEUU, George W. Bush (izda.) en la cumbre de las Azores. Le acompañan el entonces primer ministro británico, Tony Blair y el ex presidente del Gobierno español, José María Aznar. 16 de marzo de 2003. /REUTERS
El presidente norteamericano, George W. Bush, advierte sobre el peligro de Irak en un discurso ante militares estadounidenses en 2003. /REUTERS
El soldado George, perteneciente al Segundo Batallón del Ejército Norteamericano, se limpia la cara en el desierto en plena guerra de Irak, en 2003. /REUTERS
Una niña de 12 años lanza gritos de dolor tras sufrir terribles quemaduras en una explosión ocurrida en Bagdad en la Navidad de 2004. /REUTERS
Un marine estadounidense cubre la cara de una estaua de Saddam Hussein con una bandera de EEUU. Unos minutos después, ciudadanos iraquíes ataron una soga al cuello de la estatua y la derrumbaron. 9 de abril de 2003. /REUTERS
Un hombre iraquí muestra su dedo índice derecho cubierto de pintura azul tras votar en un colegio electoral. /noticias
Un grupo de niños observan el humo que sale de un pozo petrolífero en el pueblo de Baiji, al norte de Bagdad, en marzo de 2005. /noticias
Insurgentes enmascarados y armados se enfrentan a la policía iraquí en Ramadi, al oeste de Bagdad, en marzo de 2005. /REUTERS
Imagen de una exposición sobre el coste humano de la guerra de Irak en la que se muestran 3.400 pares de botas de combate en recuerdo a cada uno de los soldados norteamericanos caídos. /REUTERS
La activista antibelicista Cindy Sheehan hace una pausa durante una manifestación qe pide el fin de la invasión de Irak celebrada ante la Casa Blanca en noviembre de 2006. /REUTERS
Una anciana se seca las lágrimas mientras ve por la televisión en directo el juicio contra el ex presidente iraquí, Sadam Hussein. /REUTERS
Secuencia de imágenes de la ejecución de Saddam Hussein que muestra a verdugos enmascarados preparando al condenado para morir en la horca. Saddam fue ahorcado por crímenes contra la humanidad al atardecer del 30 de diciembre de 2006. /REUTERS
El cuerpo sin vida de Saddam Hussein aparece en un fotograma de un vídeo clandestino. La imagen muestra el cuerpo del ex dictador tendido sobre una camilla de hospital con una marcada herida en el cuello. El vídeo fue colgado en internet el 9 de enero de 2007. /REUTERS

Blair: "Dejad de decir que he mentido"

La publicación del informe Chilcot ha reavivado el frente de críticas e indignación contra la guerra de Irak. El texto censura la decisión más polémica de Blair durante su mandato y describen el papel del Reino Unido en la contienda. En su alocución de defensa, el exprimer ministro ha arrancado con una frase simple: "Dejad de decir que he mentido".

El informe acuña definitivamente certezas que hasta ahora se mencionaban sin la contundencia de la formalidad documental. Las pruebas que justificaban la invasión eran falsas y la legalidad de la decisión era dudosa. También queda negro sobre blanco que ocho meses antes Blair prometió sin concesiones, "pase lo que pase", su colaboración al presidente estadounidense George Bush hijo, origen de este desmán con una estela de miles de muertos.

Exmilitares y familiares de los caídos ya preparan acciones judiciales contra Blair, cuyo legado de tres legislaturas como primer ministro ha quedado ensombrecido por años de acusaciones a cuenta de su decisión de ir a la guerra. La "decisión más dura, trascendental y dolorosa", ha confesado este miércoles.

Blair ha afrontado un interrogatorio hostil desde medios nacionales y extranjeros. Le recriminan haber abandonado la vía diplomática demasiado pronto y haber entregado a Bush un "cheque en blanco para hacer la guerra".

Sus respuestas, en casi dos horas de declaraciones, mostraron a un Blair en ocasiones contrito y emocionado, pero también claramente irritado por el modo en que sus acciones han sido retratadas. "Si discrepáis conmigo lo admito, pero dejad de decir que he mentido o que he tenido alguna clase de interés deshonesto y oculto", dijo a los periodistas.

El informe elaborado por la comisión de Sir Chilcot concluye que la invasión de Irak se basó en información de inteligencia defectuosa, sin agotar las opciones de paz, sin justificar que Sadam Hussein tuviera armas de destrucción masiva. Un resultado cimentado tras casi siete años de indagaciones.

El exprimer ministro laborista ha aceptado su total responsabilidad "sin excepción ni excusas", pero ha reivindicado sus actos en ese contexto particular y ha pedido claridad: "La gente dice todo el rato que he mentido sobre los datos de inteligencia, pero para ser justos, si se lee el informe completo, esa afirmación debe abandonarse, puesto que no es cierta y nunca lo fue".