La visita de Benedicto XVI apenas transforma la vida de Praga.
El Papa ha pasado casi de incógnito en la capital de la República Checa repleta de turistas ávidos de rincones pintorescos y poco predispuestos a escuchar la voz del representante de Dios en la tierra. Y eso pese a que en la ciudad se multiplican las esculturas y edificios de carácter religioso.
Es la cuarta vez que un Papa visita esta tierra. El 30% de la población católica no se ha volcado como ocurriera con los anteriores viajes de Juan Pablo II.
Esta mañana el Papa se desplaza a celebrar la eucaristía a Brno. El pontífice alemán acude a esta tierra cuando se cumple el vigésimo aniversario de la caída del comunismo y cuando el mundo se enfrenta a una grave crisis económica.
Benedicto XVI asegura que integrar la ética en el desarrollo de la economía es el gran desafío en este momento.
Apenas dos horas y media permanecerá el Papa en Brno antes de volver a Praga donde, por la tarde, mantendrá un encuentro con la juventud en la universidad Carlos de Praga, la primera universidad católica de centroeuropa.