Quizás en esta ocasión se le ha desmelenado la lengua. El ministro de la función pública, Renato Brunetta, tiene una obsesión desde que se hizo cargo de la cartera: hacer eficiente la administración.
Su última ocurrencia es que los trabajadores públicos sean quienes se encarguen de la elaboración del documento de identidad.
Pero para ilustrarlo no se le ha ocurrido otra reflexión que señalar que los policías deben estar patrullando en la calle, porque detrás de los mostradores hay mucho agente oficinista y barrigón.
Inmediatamente se ha levantado la polémica y desde los sindicatos policiales se requieren explicaciones al ministro.
Él que nunca se ha caracterizado por el empleo de la diplomacia en el lenguaje, pide excusas, asegurando que no quiso ofender a nadie.
Los policías le recriminan diciendo que basta de ofensas y que les den más fondos ya que arriesgan su vida por 1.500 euros al mes.