Ben-Eliezer, actual ministro de infaestructuras, ha calificado la decisión del juez Fernando Andreu como "vergonzosa y lamentable" y ha lamentado que "organizaciones terroristas están usando los juzgados del mundo libre y los métodos de los estados democráticos para perseguir a un estado que lucha contra el terror", en declaraciones al rotativo israelí Haaretz.
"Lo diré de manera explícita: si no lo hubiéramos matado, habría continuado perpetrando ataques para asesinar a más israelíes", ha subrayado el militar justificando el asesinato del dirigente de Hamas en la franja de Gaza Salah Shehadeh, en el que murieron otros 14 civiles al tratarse de una zona densamente poblada.
Un frío militar
Aparte de Ben-Eliezer, que en la actualidad ocupa la cartera de Infraestructuras, entre los imputados figura uno de los militares más fríos de Israel: Dan Halutz.
De semblante circunspecto y conocida arrogancia, Halutz era el comandante de la Fuerza Aerea israelí cuando un caza bombardero lanzó en julio de 2002 un misil, de aproximadamente una tonelada, contra el edificio de tres plantas en que se encontraba Shehade.
Según la prensa de la época, el avión disparó cuando el mando -esto es, Halutz- sabía que, además de al líder islamista, el inmueble albergaba civiles, entre ellos la mujer, la hija, y varios niños de la familia de Shehade, que resultaron muertos.
De carácter impasible, Halutz había destacado con anterioridad por defender a ultranza los llamados "asesinatos selectivos", con los que el Ejército israelí empezó a ejecutar extrajudicialmente a activistas palestinos en 2000.
Poco después de que esa práctica acabara con la vida de Shehade, y de buena parte de su familia, Dan Halutz concedió una entrevista al periódico Haaretz, en la que afirmaba que podía dormir "muy tranquilo".
Preguntado sobre lo que sentía un piloto cuando lanza una carga explosiva, contestó: "Un pequeño golpe en el avión al liberarse la bomba. Un segundo después, el pequeño golpe desaparece".