"El pase -del primer 50- ha sido del récord del mundo: si no te arriesgas tienes un no por respuesta y si te arriesgas puedes tener un sí o un no. Me he arriesgado y me he quedado a 18 centésimas del récord del mundo. Creo que es una marca bastante buena y hubiese ganado o hubiese empatado en las olimpiadas, Dios sabe qué, no se sabe con la llegada", dijo, y añadió: "Iba a por el récord del mundo, iba a por el tiempo".
El nadador de Córdoba cambió de preparación tras no entrar en la final de los Juegos Olímpicos y decidió dejar España e irse a vivir y a entrenar a Francia, donde se forman estrellas mundiales como Alain Bernard. Desde entonces, no ha parado de mejorar sus marcas.
"He cambiado el gimnasio, el agua, no sé, todo. El ambiente. Más vale estar psicológicamente bien, te tienes que encontrar en un ambiente bueno y estar a gusto con lo estas haciendo. A veces uno se agota y tal, y decidí hacer un cambio. Y creo que es de lo mejor que he hecho en mi vida y va para largo". "Estoy haciendo una salida americana y esto se nota en todo", reveló.
Muñoz dijo también que está a gusto con los nadadores franceses y que éstos le han tratado bien desde el principio. "No fue una frustración tras Pekín, no sé por qué fue, no le echo a nadie la culpa, ni hay que echársela. Pero hay veces que las cosas no salen bien y no por eso hay que echarle la culpa al entrenador. No somos máquinas, somos humanos", opinó Muñoz.
Y el nadador, pletórico, apunta ahora al récord del mundo en su próxima competición. "Tengo dentro de dos semanas una competición en Montpellier y tengo intención de tratar de batir allí el récord del mundo".
Sobre la influencia de los bañadores en la competición y en los tiempos, Muñoz consideró que los bañadores, al igual que los coches de Fórmula Uno, no van solos y que todo es una suma de elementos. E indicó que aunque haya logrado el récord de Europa "no puedes llegar a creértelo. Soy humilde y siempre he dicho que no me gusta que me traten desigual".