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'Gatos en el tejado', la primera "dramedia" española

  • José Sacristán interpreta a Manolo Beltrán, el protagonista

  • Beatriz Santana y Gabino Diego dan vida a sus hijos 

  • Un showman televisivo que ve como su vida se resquebraja

  • Ver 'Gatos en el tejado' (1988) en A la Carta

RAQUEL ESCRIBANO / ADRIANA JIMÉNEZ

Manolo, un cuarentón malhablado y un tanto descuidado, consiguió adentrarse a mediados de los 80 en los hogares españoles con Gatos en el tejado, una serie mezcla de comedia y drama que inauguraba un formato que se generalizaría en España en los 90 con la llegada de las privadas: la dramedia.

José Sacristán interpreta a Manolo Beltrán, todo un showman que trabaja como presentador en un programa de televisión, "El humor es algo maravilloso". Sin embargo, bajo esa vida aparentemente feliz, se esconde un hombre de carácter rudo y difícil de tratar. De entre las pocas personas que tienen la paciencia de aguantarlo se encuentra Sole (Emma Cohen), su representante, con quien mantiene una relación profesional muy especial y a la que considera su mayor apoyo.

Una tragedia "obliga" a Manolo a reencontrarse con sus hijos

Una trágica noticia marca la vida de Manolo: su exmujer Vicky muere en un accidente. Su pérdida le lleva a tener que retomar la relación con sus hijos Berta (Beatriz Santana) y Dani (Gabino Diego) y, por si fuera poco, a tener que hacerse cargo de un tercero fruto de la relación entre su exmujer y su nuevo marido, Enrique, que también muere en el siniestro.

Actores como Alberto Closas (Manolo, que encarna a su padre desaparecido hacía 28 años), Ferrán Rañé (Oriol, su socio y gran amigo) y Ana Gracia (Candela), completan un reparto que también contó con colaboraciones como la de Marisa Paredes, Julieta Serrano, Jose Ángel Egido, Anotnio Garisa, Conchita Goyanes y Rudy Ventura, entre otros.

Un showman de la televisión 

Esta serie de 13 episodios estuvo dirigida por Alfonso Ungría, tomando como base los guiones melodramáticos de Joaquín Oristrell.

Ambos se sintieron atraídos por la idea de que un hombre, con la vida más o menos resuelta, rodeado de todo tipo de lujos y con un trabajo que, a primera vista, resulta apasionante, se viera envuelto en una serie de acontecimientos que logran cambiar su forma de ver el mundo y enfrentarse a su día a día.

Considerada como una de las grandes producciones de la cadena pública durante el mandato de Pilar Miró, contó con un gran presupuesto debido a su factura casi cinematográfica.

Ungría y Oristrell quisieron unir la comedia con un toque complejo de los personajes, construyendo una comedia con ciertos tintes dramáticos a la que apodaron como dramedia. 

De esa forma, lograron mantener al espectador atrapado por la trama, aunque por aquel entonces la audiencia no fuera un problema.