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Dylan: rico en sonidos, pobre en emoción

  • El de Minnesota no ha sabido transmitir y ha sido poco generoso con el público

  • De entre sus mayores éxitos, sólo ha tocado una versión de 'Like a Rolling Stone'

  • La inclusión de Dylan en el cartel de Rock in Rio había despertado mucha expectación

  • Interés desigual entre un público deseoso de ver a Franz Ferdinand sobre el escenario

  • El cantante no ha permitdo la entrada a fotógrafos ni cámaras de televisión

MIRIAM HERNANZ

Bob Dylan ha salido al escenario de Rock in Rio tal y como es. Sin ningún aderezo y con un intimismo impropio de un macrofestival. El de Minnesota se ha dedicado a ofrecer melodías agradables al oído pero desconocidas para el gran público.

En la última jornada de la primera edición Rock in Rio Madrid, la inclusión de Bob Dylan en el cartel había causado mucha expectación. Sin embargo, sobre el escenario se ha podido ver a un Dylan poco generoso hacia su audiencia, más interesada en corear sus temas de siempre -ésos que hoy no ha incluido en su repertorio- que en descubrir los nuevos sonidos en los que trabaja el 'genio'.

Con voz rasgada y casi a oscuras, Dylan no se ha levantado de su taburete durante las casi dos horas que ha durado el recital, el más largo de todo el festival. Empleándose sobre el teclado, el cantante ni ha saludado ni se ha despedido, aunque sí ha dedicado una sonrisa incial a todos aquellos que se afanaban por coger sitio en las primeras filas.

Sólo al final de la actuación ha recurrido a su armónica para sellar un concierto al que no ha permitido el acceso ni a fotógrafos ni a cámaras de televisión, tal y como ya ocurriera en su primer concierto en España, el que ofreció en la Expo de Zaragoza hace poco más de una semana.

Celoso de su imagen, la realización del concierto para las pantallas del escenario ha sido hasta rácana: un plano fijo sobre el rostro del cantante iluminado con una poco favoerecedora luz amarilla.

No han sonado, pues, sus canciones de siempre, aunque los ritmos sí eran similares, con un toque sureño que ha invitado a muchos a darse a las carantoñas en medio de la pradera del escenario Mundo del festival.

Un público con desigual interés en el que eran mayoría una legión de 'modernos', ataviados a la última, que esperaban con ansia la actuación de Franz Ferdinand y a los que el concierto de Dylan les ha resultado interminable.

Para concluir, Dylan -ataviado con un sombrero blanco de ala ancha- ha hecho un guiño al público y se ha despedido con una versión casi irreconocible de 'Like a rolling stone', merecedora de la únca ovación relevante de la noche.

Brazos al viento y gente en pie para celebrar el único tema conocido por todos de toda la velada. Un concierto rico en sonidos, pero muy pobre en emociones que no pasará a la historia.